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Un Mendigo Ciego Recibe la Vista
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Texto para Memorización: “—¡Recibe la vista! —le dijo Jesús—. Tu fe te ha sanado.” Lucas 18:42 (Nueva Versión Internacional) Objeto: Ninguno Sermón Buenos días niños… ¿Cómo pasaron la semana? ¿Hablaron con sus amiguitos acerca de Jesús y lo que están aprendiendo acerca de Su poder? Espero que sí porque hay muchos niños que todavía no conocen del poder de Jesús porque sus papás no los llevan a la iglesia. Recuérdate que Dios quiere que tú compartas Su historia con otros niños. Hace algunas semanas atrás estudiamos acerca del dirigente rico. ¿Se acuerdan lo que Jesús pidió de él? Muy bien, le pidió que vendiera todo para seguir a Cristo. ¿El dirigente lo hizo? Ustedes tienen muy buena memoria… no, no lo hizo. El dirigente amaba tanto a sus riquezas que no quiso venderlo para seguir a Cristo. (Si no estudiaron esta lección, de una breve repasada a la lección para poder dar el contraste.) Nuestra historia hoy comienza en Jericó. Hay un mendigo ciego en el camino. ¿Han visto un mendigo? Creo que todos hemos visto mendigos, ¿verdad? ¿Dónde los miraron? Yo también los he visto siempre en el camino, o en las calles. En los tiempos de Jesús, y hoy también, se ponen por el camino, porque es por donde pasa mucha gente. Así pueden obtener más ayuda. Este hombre es muy diferente del dirigente rico. El mendigo era pobre y ciego y dependía de la compasión de otros. Él no sabía que Jesús iba a pasar por allí. Mientras estaba en el camino, oyó a la multitud. Cómo era ciego, él tuvo que preguntar que acontecía. Ellos les explicaron que Jesús de Nazaret estaba pasando por allí. Al escuchar esto, el hombre grita. (En voz alta—gritando) “¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mi!” La frase, “Hijo de David”, es importante. Este ciego ha escuchado hablar de Jesús y sus obras milagrosas. Al decir Jesús, Hijo de David, él está reconociendo que Jesús es el Mesías, el Salvador. Aunque estaba ciego, él sabía muy bien quien era Jesús. Él sabía más que la multitud que podía ver a Jesús. Este mendigo ciego sabe que el único que lo puede ayudar es Jesús. La multitud lo reprendió. Le dijeron que se callara. Este hombre solo gritó más fuerte… (Grite más fuerte) “¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mi!” El mendigo gritó tan fuerte que Jesús tuvo que pararse. Jesús hace una pregunta al mendigo. ¿Qué quieres que haga por ti? ¿Qué creen ustedes que el mendigo ciego quería? ¿Continuamos para saber la respuesta? ¡Muy bien! La respuesta es simple, “Señor, quiero ver.” Jesús responde a la petición curándolo para que pudiera ver. El mendigo comenzó a seguir a Jesús, glorificando a Dios. La fe de este hombre lo curó. Si tener que pensar dos veces, él sigue a Cristo. El rico dirigente no podía ver la importancia de seguir a Cristo pero este hombre CIEGO podía ver la importancia de seguir al Mesías. El mendigo ciego termina con lo más importante, la salvación y el dirigente rico termina su vida sin la salvación. El dirigente se va triste porque sabe que su riqueza no lo permitía seguir a Cristo. El mendigo sigue a Jesús, alabando a Dios. El que sigue a Cristo, es el que tiene todo. Y tú, ¿a quien sigues? Dios permite que cada uno de nosotros decidamos a quien queramos seguir. Él desea regalarnos la salvación, pero la decisión es nuestra. El dirigente rico no quiso abandonar sus riquezas y seguir a Cristo, pero la decisión fue de él. El ciego mendigo decidió seguir a Cristo. Para obtener la salvación es sencillo. Reconocemos que necesitamos a Cristo y decidimos seguirlo, entregándole toda nuestra vida. Si no lo haz hecho y lo deseas hacer, hable con uno de los maestros hoy. Hay un canto que me gusta mucho que quisiera cantar para terminar la clase. El canto se llama, “He Decidido Seguir a Cristo.” Si tú haz decidido seguir a Jesús, cántelo conmigo. (Termine con el canto)
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